En nuestra especialidad científica, Ortopedia y Traumatología, profesores y maestros involucrados directamente con la formación de nuevos especialistas, enfrentan con cierta desazón y desasosiego, la rebeldía, falta de interés y obstinación de algunos jóvenes estudiantes en plena formación, inclusive, inquietud hacia algunos de ellos ya especialistas núbiles en etapas de inicio de su ejercicio profesional independiente. Es por ello que se hacen constantemente la pregunta: ¿Estará en buenas manos el futuro de la especialidad?
Esta inquietud ha sido una constante histórica y esto lo puedo certificar desde hace mucho tiempo, cuando un día, por cierto “Día de la Juventud”, me encontré algunas frases relacionadas con esta preocupación en el periódico de mi ciudad natal, “Diario la Nación”, y cito:
- “Los jóvenes de hoy aman el lujo. Tienen malos modales, desprecian la autoridad y no tienen ningún respeto por sus mayores. Prefieren el chisme al ejercicio... Ya no se levantan cuando los mayores entran en la habitación. Contradicen a sus padres y tiranizan a sus maestros”.
- “No veo ninguna esperanza para el futuro de nuestra gente si depende de la juventud frívola de hoy en día, pues todos los jóvenes son imprevistos más allá de las palabras”.
- “El mundo está pasando por tiempos difíciles. Los jóvenes de hoy no piensan en nadie más que en sí mismos. No tienen respeto por sus padres o por la vejez. Son impacientes y sin autocontrol”.
Las citas anteriores, bien o mal adjudicadas al filósofo Sócrates (470-399 a.C.), al poeta Hesíodo (siglo VIII a.C.) y al predicador Pedro el Ermitano (siglo XI d. C.) respectivamente; aun cuando no existe evidencia histórica de que las mismas pertenecen a los autores señalados, si pudieran considerarse resúmenes modernos de quejas comunes sobre la juventud que se ha repetido a lo largo de la historia y que ilustran que los adultos siempre se han quejado de las generaciones más jóvenes.
Si las citas previas se hubieran basado sobre la verdadera razón de lo observado en la conducta de los jóvenes de cada época, la humanidad se habría extinguido hace ya unos cuantos siglos.
En mi caso, soy de los que tiene esperanza en la juventud de hoy, creo en ella y estaremos siempre comprometidos en transmitir lo que sabemos para lograr formar los jóvenes que necesitamos. En ocasiones, esa rebeldía que muestran, es el motor de cambio que en ocasiones los adultos tememos, y la falta de interés pudiera ser, muchas veces, falta de interés en las mismas cosas que le interesan a la generación anterior.
Puede que, efectivamente, muchos de los jóvenes que se encuentran actualmente en formación no logren estar a la altura, es por ello que se irán quedando en el camino, relegados y sin posible futuro, muchos de ellos con verdaderos problemas de valores y faltos de ética y disciplina académica y profesional; la historia está llena de jóvenes generaciones con esas características, existieron y existirán. Lo que si es cierto y es una realidad es que son mucho más visibles y ruidosos que aquellos que trabajan arduamente a diario para lograr escalar a los puestos de liderazgo, gerencia y conducción, lo que da la sensación, y nos muestra de manera equivocada, que no hay futuro en el relevo generacional.
Lo que debemos preguntarnos, para aclarar el contexto de una sociedad donde aparentemente sobresalen la falta de moral y ética, es lo siguiente: ¿Cuántos jóvenes estudiosos, con valores y principios éticos, realmente necesita una sociedad para mantener a la población sana y saludable?
Por supuesto es una pregunta profunda que toca tanto la estadística como la sociología. No hay número mágico, pero debe existir una cifra lógica. Definitivamente, para que una sociedad se mantenga sana y bien atendida, no requiere que todos los médicos sean eminencias, pero se necesita una masa crítica de competencia y ética.
Esto ha sido estudiado con anterioridad y se han planteado algunas perspectivas. En muchas estructuras sociales, el 20% de los individuos genera el 80% del impacto positivo. Esta relación está muy bien explicada en el principio de Pareto (Regla del 80/20): Si el 20% de los profesionales de la salud lideran los protocolos de vanguardia, realizan las investigaciones críticas y ocupan los puestos de decisión académica y clínica, pueden elevar el estándar del resto. Bajo esta lógica, ese “núcleo duro” de alta preparación compensa la inercia del resto, manteniendo el sistema a flote.
Otras teorías consideran que se necesita al menos un 30% de los profesionales con nivel de excelencia y liderazgo ético para arrastrar al sistema hacia arriba, y que el 70% restante mantenga un nivel de competencia aceptable, siguiendo protocolos.
En el libro de Malcolm Gladwell, “El punto de inflexión: cómo las pequeñas cosas pueden marcar una gran diferencia”, se explica la “Ley de los pocos”, argumentando que el éxito de cualquier movimiento social o estándar de salud depende fundamentalmente de un grupo muy pequeño de personas con habilidades específicas.
Lo anterior es realmente tranquilizador. Pareciera que esta actitud en el comportamiento, talante y rebeldía de las nuevas generaciones es una característica intrínseca de cómo funcionan y se desarrollan las colectividades humanas y, como lo escribí anteriormente, han existido y siempre existirán. Preocuparnos por la ausencia de relevo generacional por la postura y aparente rebeldía de estos jóvenes, no puede ir más allá de una banal inquietud y desazón.
Lo que sí puedo sugerir es que debemos estar prestos y dispuestos a educar y moldear a ese pequeño grupo del 20% de jóvenes que formarán parte del relevo generacional y enseñarles sin mezquindad o egoísmo todo lo que sabemos. Nuestra especialidad se acompaña de la responsabilidad de apoyarnos, de animar a los nuevos especialistas cuando podamos, y de mantener las puertas abiertas para el próximo joven que busca un lugar que liderar y conducir moral y éticamente.
Deseo agradecer al Editor de la Revista de nuestra Sociedad Venezolana de Cirugía Ortopédica y Traumatología, Dr. Pedro Carvallo, por permitirme este importante espacio para compartir lo que experimento, siento y leo de nuestra especialidad. Quiero invitar igualmente a todos nuestros amigos y colegas a participar de manera activa con nuestra revista, con la publicación de experiencias, o en la corrección y revisión de manuscritos para llevar nuestra revista a niveles de prestigio internacional.